A group of teenagers running in a park in Surabaya, Indonesia. Outdoor fun and friendship.

Soltar el control

¿Qué ha pasado cuando no he podido controlar?

Muchas veces, detrás de la necesidad de control, hay algo que en algún momento resultó doloroso, incierto o difícil de sostener. Pueden ser experiencias de indefensión, momentos en los que sentimos que no teníamos recursos suficientes, falta de autoconfianza, miedo a no estar a la altura o a no poder con lo que venga.

También pueden aparecer la ansiedad, los miedos anticipatorios, la autoexigencia o el perfeccionismo como intentos de “asegurarnos” de que todo va a salir bien.

Si no tienes claro el origen, puede ser útil mirar hacia atrás con curiosidad en lugar de con juicio. Una herramienta sencilla es hacer una pequeña “línea de vida del control”: observar en qué momentos has sentido más necesidad de controlar, qué estaba pasando en ese momento y qué posibles disparadores había. No siempre encontraremos una causa clara, pero sí pistas.

Cuando controlamos mucho… también necesitamos soltar

Tiene bastante sentido que, cuando vivimos en un estado constante de control, aparezcan momentos de “descontrol”. Es como si el sistema necesitara compensar.

Ahí es donde aparecen los picos, las dicotomías: o lo tengo todo bajo control o siento que lo pierdo completamente.

Puede ser interesante preguntarnos:

  • ¿Estoy controlando todas las áreas de mi vida o solo algunas?
  • ¿Es algo puntual o se mantiene en el tiempo?
  • ¿Qué ocurre justo antes de que aparezca ese “descontrol”?

Estas preguntas no son para juzgar, sino para comprender.

Control no es lo mismo que seguridad

A menudo, el control se confunde con seguridad, pero en realidad está mucho más cerca de la alerta constante, incluso de la hipervigilancia.

Vivir desde ahí implica estar pendientes de lo que podría pasar, intentando adelantarnos a todos los escenarios posibles. Pero la realidad es que no todo depende de nosotras. Existen los cambios imprevistos, la incertidumbre, lo inesperado.

Y aunque esto puede incomodar, también es parte de la vida.

El control suele ir acompañado de pensamientos anticipatorios: “¿y si pasa esto?”, “¿y si no sale bien?”, “¿y si no puedo con ello?”. En el fondo, muchas veces estamos intentando protegernos de nuestros propios miedos.

Por eso, un paso importante es diferenciar:

  • Qué depende de mí
  • Qué puedo influir
  • Y qué no está bajo mi control

No para resignarnos, sino para dejar de cargar con más de lo que nos corresponde.

Introducir pequeñas dosis de espontaneidad

Y aquí va una propuesta sencilla, pero muy potente:
¿Y si empezamos no por soltar todo el control, sino por introducir pequeños espacios de no control?

Podemos pensar en términos de porcentaje:
Un 90-10, un 80-20…

Un pequeño hueco en la agenda sin planificar.
Una decisión que no esté completamente pensada.
Un momento para dejarnos llevar, aunque sea un poco.

No se trata de dejar de organizarnos, sino de abrir un espacio donde pueda aparecer lo espontáneo, lo inesperado, lo vivo.

Porque, a veces, soltar un poco el control no es perder seguridad…
es empezar a confiar.